3 maneras de ser víctima de nuestra propia subestima

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A veces, los problemas que tenemos de inseguridades y de menosprecio sobre nosotros, dependen exclusivamente de nosotros mismos. El creer que no podemos lograr algo, las frustraciones y la rabia hacia nuestro entorno, puede ser el resultado de las propias limitaciones que nos hemos inculcado de forma inconsciente.

Ser demasiado posesivos, demasiado permisivos, demasiado controlados o demasiado estables, puede conllevar a que en situaciones que afecten en parte o en todo esta conducta reiterada respecto a cómo llevamos nuestra propia vida, significaría un punto de quiebre que muchos no están capacitados para afrontar sin sufrir un desequilibrio significativo.

Lo que te hace una víctima potencial de ti mismo:

1. La habituación extrema

La estabilidad o el hábito pueden ser cosas con las que comulgamos, sobre todo cuando nuestra crianza estuvo basada en la familia indestructible, unida, y funcional. Pero, ¿Qué pasa con las parejas que se divorcian, viniendo de una familia tradicionalmente católica? Las culpas, los arrepentimientos o vivir el calvario de ser rechazados por tomar una decisión sanadora y liberadora para sus vidas… Definitivamente, toda creencia irracional, que indique apegos y hábitos (aunque estos sean dañinos emocionalmente o físicamente), es una forma de subestimarse.

2. El autocontrol desmedido

Hay quienes prefieren pasar sus vidas dentro de una burbuja, lejos de todo mal, de todo sentir, de todo vivir. La vida sigue sin detenerse y sus sueños, si es que alguna vez existieron, se convierten en polvo. Debemos dejar que aquello que no es sanamente controlable fluya, aunque fallemos en el intento… Lo importante es vivir y aprender.

3. Excesiva modestia

La modestia es una forma de reflejar y retroalimentar nuestro autodesprecio. ¿Cómo es que no somos lo suficientemente buenos? ¡Deja de pensar en lo malo, para que encuentres todo lo maravilloso que habita en ti! No te reduzcas, ámate mucho y no temas si otros se enteran.

 

Debemos comprender que la estabilidad es un asunto que no depende de nosotros, de hecho nada es estable. La vida es dinámica; suceden cosas que pueden cambiar nuestro mundo en cuestión de segundos: una nueva vida, la pérdida de un ser querido, el despido inesperado, la traición de nuestro ser amado…

En fin, cuando entendamos que somos dueños de cómo reaccionamos respecto a nuestra vida, pero no de lo que nos pasa o deja de pasar, seremos seres mucho más libres emocionalmente, sin ataduras que nos frustren cuando algo no salió de acuerdo con lo esperado. Ante ello, hay que caerse pero levantarse y no sufrir si nos volvemos a caer… De cada experiencia, sea cual sea, queda un aprendizaje que nos hará crecer. Deja que fluya…

Fuente: https://www.elartedesabervivir.com/

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