La contaminación esta presente en el entorno y afecta a todo ser vivo: animales, plantas y por supuesto al ser humano. Particularmente la contaminación por aire mantiene una exposición continua que debilita al organismo, sin que si siquiera sea percibido, es decir el cuerpo esta siendo envenenado a cada hora, todos los días, todos los años en la vida de una persona.
Pensando en esta incidencia, diversas investigaciones se han desarrollado sobre el tema y los indicadores evidencian la afectación a nivel físico de la exposición prolonga a contaminantes atmosféricos, pero desde hace un tiempo estos estudios han apuntado a otras vertientes que se desprenden a nivel psicosomático, es decir patologías neurológicas como depresión o ansiedad.
Estadísticamente hablando de este último caso, el 16% de la personas en el mundo presentan trastornos de ansiedad, lo que conlleva a menor productividad, mayor cantidad de visitas médicas, insomnio, depresión, pérdida de apetito, angustia e inestabilidad en sus vidas personales, según la Organización Mundial de la Salud.
Existen evidencias de una posible relación entre la ansiedad y la contaminación, de acuerdo a un estudio entre la Universidad de Hopkins y la Escuela de Salud Pública de Harvard.
La población muestreada de casi 70 mil mujeres entre 57 y 85 años, sufrieron exposición constante a material partículado (PM 2,5 y PM 2,5-10). Los resultado indicaron que aproximadamente 15% de los casos presentaron altos síntomas de ansiedad, siendo mayor en las mujeres que vivían a menos de 200 m de la carretera, pero solo asociado a partículado fino (PM 2,5), mientras que para partículas más grandes no se halló asociación, debido a que las partículas más pequeñas pueden ingresar con mayor facilidad al organismos para alojarse en pulmones y otros órganos.
Por ello, se infiere que a mayor exposición al tráfico vehicular e industrial, los niveles de ansiedad se incrementan, aflorando en mayor proporción con el paso de los meses, debido a una acumulación de estrés oxidativo en el organismo. Aún es necesario profundizar en este tipo de estudios, tomando en cuenta poblaciones masculinas, de niños y adultos mayores.
Siguiendo con esta idea, la Universidad de Edimburgo en Escocia analizó 103 publicaciones referidas a la asociación entre la contaminación y los accidentes cerebrovasculares, arrojando a todas luces evidencias de la afectación del organismo en la exposición de partículas contaminantes, que además pueden llegar a ser asociadas a la salud mental, debido se ha comprobado que “la contaminación causa inflamación sistémica, por lo que es razonable que los investigadores vuelvan ahora su mirada al terreno de la salud mental, y busquen factores de riesgo modificables en una enfermedad con una carga en aumento”, explica Michael Brauer profesor de Salud Pública de la Universidad British Columbia.
Definitivamente es una necesidad urgente atender la contaminación que amenaza todos los días la salud humana y que llega al organismo hasta en formas inimaginables. Históricamente, se ha presumido que la ansiedad tiene su origen en trastornos mentales y psicológicos, pero la ciencia esta poniendo en evidencia que se produce por la acción misma del hombre y su sed innegable a apostar a un consumo y desarrollo tecnológico desmedidos sin detenerse a mirar las consecuencias, de que la evolución en sí misma lleva a la destrucción del ser humano, como especie en el planeta.